La restauración de la cultura cristiana, de John Senior, es una de las obras más influyentes del pensamiento católico del pasado siglo. Senior escribía una perspicaz reflexión, profunda y provocativa a la vez, como atestigua este párrafo:
“Debemos poner nuestro mayor esfuerzo en restaurar la lectura en la casa y, sobre todo, la lectura en voz alta: junto al fuego del hogar en invierno, y en el porche, en las noches de verano. Denles a sus hijos una catequesis fuerte, sermones serios, buenos ejemplos y ejercicio físico. Gobiérnenlos con firmeza, pero no los enfermen: déjenles leer los buenos libros “peligrosos”, y déjenles practicar deportes “peligrosos”, como el rugby o el montañismo. La condición humana supone que alguno se quiebre una pierna y peque, pero en una familia católica bien equilibrada las caídas serán pocas y los cuerpos y las almas se recuperarán. Quizás alguien que esté leyendo estas páginas en este momento se levantará y destrozará el televisor. Ese acto, que no modificará el curso de la historia, cambiará radicalmente su vida y, sobre todo, la de sus hijos.”
Pero hay un pequeño problema con La restauración de la cultura cristiana: hemos empezado por el final. Porque antes de restaurar la cultura cristiana, hay que constatar su muerte y las causas y el proceso que la han provocado. Es por ello que, en buena lógica, para entender bien a John Senior tendríamos que empezar por el recién publicado La muerte de la cultura católica.
John Senior era perfectamente consciente de que para sanar a un enfermo que languidece, antes han de identificarse los motivos que lo condujeron a languidez. Por ese motivo, unos años antes de la publicación de La restauración de la cultura cristiana (1983), escribió esta La muerte de la cultura católica, donde identifica los orígenes del colapso de nuestra civilización, la católica: el industrialismo deshumanizador, el desprecio de la filosofía realista, la sucia inmoralidad del modernismo, la autosuficiencia racionalista, la mentalidad científico-técnica…
No lo hace, sin embargo, con ese tono decadente que caracteriza al pesimista. En su diagnóstico, que aúna rigor y belleza, exhaustividad y lirismo, subyace un poso de esperanza. Así, Senior está convencido de que todo lo valioso que la modernidad (o sus múltiples subproductos) ha echado a perder puede recuperarse. Y de que hacerlo sólo depende de nosotros.
Un libro clave para orientarnos en nuestro mundo actual.



