Si la realidad del martirio ha sido una constante en toda la historia de la Iglesia “El siglo XX ha sido el siglo de los mártires cristianos tanto en la iglesia católica como en otras iglesias y comunidades eclesiales” había dicho Juan Pablo II en Memoria e identidad
En efecto no cesa el reguero de beatificaciones de religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos españoles que nos dan testimonio de Cristo en medio de la persecución.
Martín Ibarra Benlloch es un conocido historiador que se ha dedicado especialmente a los mártires de la persecución religiosa española durante la Guerra civil. De manera especial a los mártires en la diócesis de Barbastro, la más castigada de toda la persecución. Fueron asesinados 9 de cada 10 sacerdotes, casi la totalidad de los religiosos y numerosos laicos.
Con este sencillo libro el autor ha querido unir a dos personas bien diferentes: los beatos Ceferino y Florentino de Barbastro que sin embargo participaban de una fe común que es la que les llevó al martirio. Ambas figuras han quedado muy fielmente reflejadas en la película Un Dios prohibido.
Ceferino Giménez Malla “El Pelé” tratante de ganado de etnia gitana, hombre de oración y buen padre de familia. Y el obispo Florentino Asensio, quien llevaba pocos meses en Barbastro y al que se le dio muerte de forma cruel. En el martirio de ambos vemos que lo perseguidores no hacía distinción de personas y que la persecución era netamente religiosa.
Ceferino llevó el Rosario en su bolsillo en todo momento y no dejó de rezarlo estando en la cárcel, animando a los compañeros que compartían su misma pena y murió como tantos otros gritando Viva Cristo Rey. Florentino, natural de Valladolid, tomó posesión de la sede de Barbastro, asistió al arresto de casi todos sus sacerdotes y a los seis meses moría asesinado después de unos interrogatorios en que fue torturado repetidamente sufriendo incluso una amputación. En la madrugada del 9 de agosto de 1936 fue fusilado mientras bendecía y perdonaba a sus enemigos.



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