Una newsletter ha informado en los últimos días -a los más bien pocos lectores de Michael O’Brien- el lanzamiento de su nuevo libro: “The Apocalypse. Warning, Hope & Consolation” (“El Apocalipsis. Aviso, Esperanza y Consuelo”). Esta vez no es una novela como sus prodigiosas Padre Elías, un apocalipsis o El padre Elías en Jerusalén; esta vez es un ensayo -en la línea del libro “Seis autores modernos y el fin de los tiempos”-, una lectura para la formación y para la esperanza.
No obstante, se dice que concluyó hace siglos la época de los profetas; y se dice con desdén. Si se dice que terminó la época de los profetas es porque se quiere decir que acabó la de las profecías; y por eso se dice con desdén, porque las profecías nunca son bienvenidas en aquellos que confían en sus planes, en sus propias fuerzas, criterio o comodidad. Y ciertamente la incomodidad que producen las profecías es un fenómeno a estudiar: la reacción de aquellos que luchan contra ellas es en sí misma muy revelador del poder que tienen.
El P. Huidobro cuenta que en un texto que circulaba en el primer siglo bajo el título de “La vida de los profetas” se narraba cómo murieron martirizados muchos de los profetas bíblicos: A Isaías sus profecías le acarrearon morir aserrado ante las burlas y desprecios de los falsos profetas; Jeremías terminó apedreado en Tafne –tras es un sinfín de incomprensiones y desprecios-; Ezequiel asesinado por el jefe de los israelitas; Miqueas por su propio hijo al igual que Amós; o Zacarías por el rey de Judá cerca del altar… Ser profeta era un negocio molesto… y realmente poco prometedor en el antiguo testamento.
Sin duda alguna ha habido profetas y profecías después de Cristo: santos, papas, videntes… y cientos de hombres de Dios se han hecho eco carismáticamente de sus designios. No obstante hay una gran particularidad en este “siglo” de Cristo: es la gran profecía apocalíptica, la gran promesa del triunfo pleno de Cristo sobre la historia y en la historia. Y siendo una profecía grandiosa y esperanzadora, es sin embargo poco tratada por autores en estos tiempos. Por suerte, tenemos hoy a Michael O’Brien que no pretende ser un nuevo profeta, sino un humilde siervo de la viña del Señor, escrutador de los tiempos y alentador de esperanza.
Quien tenga la suerte de leer inglés podrá encontrar en su web artículos interesantísimos sobre estos tiempos, sobre la actitud cristiana, sobre los males que nos aquejan y sobre la esperanza teologal. Encontrará por ejemplo una respuesta certera sobre los tiempos vivimos en que: Are We Living in Apocalyptic Times? ; o uno reciente sobre la gran apostasía: The great apostasy. Artículos que encontrará traducidos en Cristiandad en números pasados o venideros.
El apocalipsis es solamente la revelación misteriosa de aquella profecía que recuerda el mismo San Juan al pie de la cruz: “Mirarán al que traspasaron”; y aquellos que nos lo acercan en humildad y en verdad merecen nuestro reconocimiento y atención.
Y mientras esperamos con ansia la traducción y comercialización de su nuevo libro, nos deleitaremos, rezaremos, reflexionaremos y esperaremos al compás de la lectura de O’Brien en sus libros “apocalípticos” tan conocidos y reconocidos.



