Él y yo es ya un clásico de la espiritualidad. El texto de Gabrielle Bossis se presenta como las palabras del mismo Jesús, oídas por la mística y escritas por ella inmediatamente.
El productor de cine y evangelizador, Andrés Garrigó, nos habla con entusiasmo de este libro desde Religión en Libertad y nos da algunas razones para leerlo:
“Él” significa Jesucristo y “yo” es Gabrielle Bossis (1874-1950), pero puede ser cualquiera que lo lea. Ella no era una religiosa, sino una laica francesa que empezó a recibir locuciones de Jesús desde 1936 hasta su muerte en 1950. La “Voz” la sorprende por primera vez en un barco, las siguientes en la calle, en casa, en el tren, o en su trabajo en el teatro… es decir en la vida ordinaria. No se trata de un “mensaje” sino de una catarata de breves mensajes que le van descubriendo, de manera íntima y personal, inconcebibles riquezas de amor y misericordia.
Él y yo cautiva rápidamente al lector con un mínimo de fe. No cansa. Invita a seguir leyendo. Yo lo he releído muchas veces, descubriendo siempre nuevos matices. Es como un corazón ardiente que conoce nuestros entresijos y se vuelca en nosotros con fina ternura. Es un Padre, que conoce en detalle nuestras vidas, como se lo muestra a Gabrielle: “Cuando eras pequeña tú me decías…”
Este libro no se bebe en largos tragos, como un refresco, sino en pequeños sorbos, como un licor fuerte que hay que paladear, que ayuda a meditar y a descubrir lo que nunca habíamos imaginado.
Por cierto, monseñor Millepelet, el obispo de Nantes, la diócesis donde ella vivía, aprobó su libro. Y el proceso de beatificación de Gabrielle Bossis está ya en curso”.
Reproducimos aquí algunas de las razones para leer Él y yo:
Su biografia es apasionante
Gabrielle Bossis (1874-1950) fue una francesa laica, nacida en Nantes en una familia adinerada. Fue enfermera voluntaria en el frente de Verdún en la Primera Guerra Mundial. Rechazó numerosas propuestas de matrimonio. Sin tener vocación religiosa, se dedicó al apostolado de la doctrina y la cultura a través del teatro. Guionista y directora de sainetes para jóvenes y niños. Viajó a numerosos países para representar sus comedias, sin reparar en gastos, pues vivía de la fortuna de su padre.
Dios la sedujo en un barco
En 1936, durante un viaje a Canadá en transatlántico, Gabrielle, a sus 62 años, tuvo una experiencia mística. Oyó una voz que le decía: “Hijita mía” y, sin ver nunca a su Interlocutor, comprendió y creyó que era Jesús quien quería “charlar” con ella. Conversación impresionante, de breves episodios espaciados, que duraría 15 años, hasta el día de su muerte.
Gabrielle transcribió literalmente lo que oía, sin añadirle comentarios de su cosecha
Solo ponía al margen sus escasas preguntas y alguna fecha, detalle del lugar o contexto. Sus manuscritos se publicaron gradualmente en París en 7 libros de unas 150 páginas cada uno. El primer tomo vio la luz en 1948 con el título Lui et moi [Él y yo]. Ella vivía todavía, y pudo darle su visto bueno.
El obispo de su diócesis lo aprueba.
Era monseñor Jean-Joseph-Léonce Villepelet, el obispo de Nantes, quien, no solo lo aprobó, sino que escribió un alentador prefacio al primer tomo. A este se añadió el prólogo del teólogo jesuita Jules Lebreton, decano de la Facultad de Teología del Institut Catholique de París. Sin afirmar ni negar su origen divino, los dos garantizaron su ortodoxia.
Cuando habla Dios es siempre original, no aburre
Una razón para explicar el éxito de Él y yo es que cautiva rápidamente al lector. No cansa. Invita a seguir leyendo. Parece escrito por una inteligencia superior que conoce los entresijos de la criatura humana, y, a la vez, por un Padre que ama con locura a sus hijos. Sabe ganárselos hablándoles de lo que les preocupa, del día a día, elevándolos por encima de la miseria humana y metiéndoselos “en el bolsillo”, es decir en su corazón.
Como un licor fuerte que hay que saborear sorbo a sorbo
No es para beber a grandes tragos. Porque cada sorbo, o párrafo, es muy rico en contenido. Todo es oro sin ganga, o todo trigo sin paja. Si se lee de corrido se pueden perder matices importantes e incluso lo más valioso. Si se medita, se puede llegar a sentir algo de lo que Jesús está sintiendo en ese momento al hablar a Gabrielle.
Te conocí de pequeñita
El tono de la Voz se vuelve a veces intensamente tierno. A Gabrielle le recuerda episodios de su vida de niña que apenas afloran en su memoria. Pero Él si tiene grabada aquella petición que la pequeña Gaby le hizo 70 años atrás, demostrando así que conoce nuestras vidas mejor que nosotros mismos. De ahí a la infancia espiritual no hay más que un paso… y un repaso.



