Hoy celebramos la festividad de san Francisco de Sales. Este santo de la Edad Moderna, nacido en el ducado de Saboya, hoy entre Francia e Italia, en 1567 y fallecido en 1622 en Lyon, fue proclamado patrón de los periodistas por parte del Papa Pío XI en 1923. Obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia. Fue un gran obispo, predicador de la misericordiosa bondad del Señor, y de manera singular precursor de la devoción al Corazón de Jesús.
Modelo de santidad
Se empeñó en comunicar el ansia de perfección a todos los cristianos, sin distinción de estado o condición social, mostrando que la perfección era a todos asequible refutando la ida de que la verdadera santidad no es asequible a todos sino a una pocas personas dotadas de rara energía y excepcional elevación. Muchas fueron las obras que escribió acerca de esta cuestión; entre ellas destaca, de manera especial, la Introducción a la vida devota. Considerada como la obra clásica del santo, basado en las cartas de dirección espiritual que el santo escribía a su prima política, la Sra. de Chamoisyson.
Su encuentro con Juan de Chantal en 1604, acogiéndola como hija espiritual, dio como resultado la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María, el 6 de junio de 1610, para mujeres jóvenes y viudas que querían vivir la llamada de Dios a la santidad sin tener que ingresar en un convento.
El periodista que no escribió en ningún periódico
En 1594, fue hacia la zona del Chablais dominada por calvinistas. San Francisco hacía todos los intentos para tocar los corazones y las mentes del pueblo. Con ese objeto, empezó a escribir una serie de panfletos en los que exponía la doctrina de la Iglesia y refutaba la de los calvinistas. Aquellos escritos, redactados en plena batalla, que el santo hacía copiar a mano por los fieles, para distribuirlos, formarían más tarde el volumen de las “controversias”. . Aquí empezó la carrera de escritor de San Francisco de Sales, que a este trabajo añadía el cuidado espiritual de los soldados de la guarnición del castillo de Allinges, que eran católicos de nombre y formaban una tropa ignorante y disoluta.
Poco a poco el auditorio de sus sermones en Thonon fue más numeroso, al tiempo que los panfletos hacían efecto en el pueblo. Por otra parte, aquellas gentes sencillas admiraban la paciencia del santo en las dificultades y persecuciones, y le otorgaban sus simpatías. El número de conversiones empezó a aumentar y llegó a formarse una corriente continua de apostatas que volvían a reconciliarse con la Iglesia.



