La reciente visita del Papa Francisco a Japón ha vuelto a poner de actualidad la cuestión de las armas nucleares. Precisamente no hay libro mejor para comprender lo qué ocurrió en Nagasaki que el excelente Réquiem por Nagasaki, de Paul Glynn, una obra que recomendamos decididamente para jóvenes y adultos.
El libro de Glynn es, además de un testimonio sobre los efectos de la bomba atómica, un relato de un viaje memorable desde el sintoísmo y el ateísmo hasta la fe católica.
El 9 de agosto de 1945 un B-29 norteamericano lanzó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Nagasaki, acabando en un abrir y cerrar de ojos con la vida de decenas de miles de personas e hiriendo y envenenando mortalmente a miles más. Entre los supervivientes se hallaba Takashi Nagai, un converso católico pionero en la investigación radiológica.
Viviendo entre los escombros de una ciudad en ruinas y víctima de una leucemia causada por la sobreexposición a la radiación, Nagai pasó el resto de su extraordinaria vida sanando física y espiritualmente a una población destrozada por la guerra.
Réquiem por Nagasaki narra la emocionante historia de este hombre excepcional, empezando por su infancia y por los heroicos relatos y las virtudes estoicas de la religión sintoísta que profesaba su familia. La biografía de Nagai, salpicada de curiosos detalles sobre la historia y la cultura japonesas, traza su búsqueda espiritual desde sus tiempos de estudiante de medicina en la Universidad de Nagasaki, sus años de servicio como médico militar durante la ocupación japonesa de Manchuria y su regreso a Nagasaki para dedicarse al campo de la radiología. El histórico barrio católico de la ciudad, donde Nagai vivió y fundó una familia, se convirtió en la zona cero de la bomba atómica.




