Rémi Brague es uno de los filósofos más influyentes del actual panorama intelectual. Acaba de estar en Madrid, donde impartió la conferencia titulada “La fuerza del bien” en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
José Manuel Grau reseña esta conferencia para Nueva Revista, destacando que “La situación nueva en la que nos encontramos desde hace unos setenta años, dijo Brague, es “una situación metafísica”, en el sentido de que “se trata nada menos que del ser o el no ser de la especie humana”.
¿Por qué? Porque “la existencia de dicha especie ha dejado de ser una evidencia, el final de la vida humana en este planeta se ha convertido en una posibilidad real.”
El no ser de la humanidad siempre ha sido una posibilidad lógica, no es necesario que haya gente, pero “el fin de la humanidad ha pasado de ser una posibilidad meramente lógica a una posibilidad real”: poseemos los medios técnicos para acabar con la humanidad.
Los tres modos de acabar con la humanidad que señala Brague (armas de destrucción masiva, deterioro del medio ambiente y control de la natalidad) son diferentes por cuatro razones:
- La velocidad de una posible destrucción. En un conflicto nuclear, la muerte sería casi instantánea, mientras que la conversión de la tierra en un desierto sucedería poco a poco y “una extinción demográfica podría suceder muy despacio, sin ruido, casi inconscientemente”.
- Las causas que podrían iniciar el proceso de destrucción dependen de la voluntad humana pero se distinguen por la cantidad. Pueden ser “monárquicas”, “oligárquicas” o “democráticas”. Una guerra total se desencadenaría por culpa de un hombre único que apretaría el botón nuclear. Una catástrofe ecológica por culpa de tal o tal grupo industrial que preferiría intereses a corto plazo. La extinción demográfica se produciría por culpa de la humanidad entera, de todas las parejas que decidirían quedar sin descendencia.
- La tercera diferencia es el eco en la conciencia pública. En los años 50 y 60 se hablaba mucho de la guerra atómica y de sus posibles consecuencias. El recuerdo de Hiroshima estaba todavía fresco en las memorias. “Ahora los periódicos están llenos de los problemas del clima. En cambio, poca gente habla del llamado invierno demográfico”.
- La valoración moral. Con armas nucleares, y menos quizá con el cambio climático, la destrucción sería “un crimen monstruoso”. “En cuanto a la extinción demográfica, apenas sería un crimen, porque se parece al crimen perfecto. ¿Dónde está la víctima? No hay ningún cadáver.”
Brague recordó: “Nuestra modernidad se da cuenta de las consecuencias peligrosas de la industria. Ahora hay voces que dicen que el hombre es el más cruel y peligroso de todos los seres vivientes. Ahora dudamos del carácter radical de la diferencia entre lo humano y lo animal. Se dice, por ejemplo, que tenemos más del 90 por ciento del ADN común con la raza de los monos, de ese hecho científicamente establecido se deduce la tesis ideológica según la cual somos monos que tuvieron suerte en la lotería de la evolución, nada más. El hombre es “el último mono”.”
Brague continuó: “Para decir que la existencia de la humanidad es un bien, necesitamos un punto de referencia exterior. La auténtica fuerza del bien debe ser fundada en un principio trascendente, independiente de nuestro parecer. La idea de una trascendencia horizontal, que sería el futuro, no se puede defender en serio, puesto que la existencia de la humanidad depende de nosotros.”
Hay dos modelos de tal principio trascendente: “uno sacado de la antigüedad clásica (Platón) y otro de la revelación divina (la Biblia). Ambos afirman una bondad fundamental del ser. El ser se identifica con el bien. Todo lo que es, es, como tal, bueno. Como tal, es decir, independientemente de la relación que tenga con nosotros, aunque nos molestara o nos destruyera.”
Brague mismo resumió su conferencia con estas tres tesis:
-La existencia del hombre en la tierra y la continuación de la existencia no son hechos necesarios. Ha de haber un Bien que la justifique.
–Ese Bien tiene que ser trascendente, que no dependa de la voluntad humana, que exista en sí mismo.
–La fuerza de ese bien tiene que ser parecida al encanto que respeta la libertad.”
Para profundizar en el pensamiento de Rémi Brague, Librería Balmes recomienda éstas de entre sus obras:
Sobre el Dios de los cristianos








