Los historiadores nos han librado de la imagen de una Edad Media Oscura para sustituirla por una serie ininterrumpida de renacimientos. Atrevámonos a decirlo: la Edad Media fue una época, quizá la única época de la historia, que nunca aceptó ser una ser una Edad Media. Siempre quiso ser un Renacimiento, desde el principio.
El gran medievalista Alejandro Rodríguez de la Peña nos ofrece en su último libro, Sabiduría medieval, un florilegio de textos medievales que son u verdadero tesoro para comprender de veras qué fue aquella época.
Este extracto de su prólogo nos da una idea del enfoque del autor:
“Esta obra no es un ensayo ni un libro de historia. Ciertamente, lo ha compuesto un historiador, un medievalista, pero de ningún modo pretendo presentarlo como un libro de historia académica o científica, una obra objetiva, aséptica, desapasionada y neutra, como si lo han sido mis anteriores libros sobre historia medieval. Nada más lejos de mi intención en esta ocasión. Este es, lo confieso, un libro subjetivo, muy personal. Fruto de mi pasión, de mi amor, de toda una vida por la civilización medieval, nacido cuando aún era un niño. Al mismo tiempo, es un libro, en el que, paradójicamente, no hay una sola línea de mi autoría más allá de su breve prólogo.
Es mi Edad Media a través de otras voces que representan mi propia voz mejor de lo que yo acaso sería capaz. Lo he compuesto al modo de un florilegium o de un liber sententiarum del propio Medievo. Citas, sentencias y aforismos de cronistas, poetas, pensadores y místicos medievales, agrupadas temáticamente y combinadas con otras de autores contemporáneos (tanto historiadores académicos como literatos y filósofos). La subjetividad de este libro estriba en mi particular selección de estos aforismos y citas. Esto no es una antología sistemática, justo es advertirlo. Hay cientos de aforismos y citas en este libro, pero he desechado miles según mi saber y entender. Veinticinco años como docente e investigador de la historia de las ideas medievales me han proporcionado no solo una infinidad de materiales, sino también, al menos eso espero, algún criterio al respecto, un criterio personal y discutible, pero fruto de varias décadas de estudios y reflexión sobre la civilización del Occidente medieval.
En definitiva, más allá de todas estas consideraciones, lo que espero sinceramente es que el lector buscador de la Verdad, el Bien y la Belleza encuentre en esas páginas torpemente dispuestas al menos unas pocas gotas de la inenarrable belleza y la profunda sabiduría de esa época única que fue la Edad Media cristiana. Quiera Dios que le dé algo de luz en estos tiempos en los que la civilización heredada de nuestros antepasados está en ruinas. Sólo la memoria nos devolverá nuestra identidad. Sic itur ad astra.”



