Ignacio Del Villar Fernández, doctor ingeniero de telecomunicación por la Universidad Pública de Navarra, divulgador de temas científicos y su relación con la fe ha publicado recientemente Sacerdotes y científicos (Digital Reasons). Este experto en temas científicos recuerda el papel de algunos de estos sacerdotes que en distintos siglos y en contextos muy diferentes realizaron aportaciones trascendentales en distintas disciplinas científicas
Anteriormente había escrito Ciencia y fe católica: de Galileo a Lejeune. En aquella obra recogía las biografías de célebres científicos católicos y y vio la necesidad de poner en la palestra a otros científicos sacerdotes que figuraban entre los siglos XVI al XVIII.. Algunos nombres son muy conocidos, aunque muchos no sabrán que eran religiosos, y otros no lo son tanto.. . Estos son siete de ellos que recoge Ignacio Villar:
Nicolás Copérnico: el padre de la astronomía moderna
Marin Mersenne: el padre de la comunidad científica
Nicolás Steno: geólogo, anatomista, biomecánico… y beato
Ruđer Bošković: el abuelo de la teoría atómica
René Just Haüy: el padre de la cristalografía
Gregor Mendel: el padre de la genética
Georges Lemaître: el creador de la teoría del Big Bang
Villar en una entrevista en Religión en libertad ante la pregunta de por qué sobre por qué ha escogido a éstos en particular responde:
“No fue fácil elegirlos. Hay muchos que podrían haber entrado en el libro (…) Me quedé con estos cinco por diversas razones. Nicolás Copérnico, con su teoría heliocéntrica, desencadenó el mayor terremoto que se ha conocido en el mundo de la ciencia, cuyos ecos llegan hasta hoy. Resulta curioso que el eco final de este terremoto también pertenezca a otro sacerdote: Georges Lemaître, el principal artífice de la teoría del Bing Bang. Mendel era también imprescindible. La genética es una de las ciencias más importantes del siglo XXI y este hombre fue un adelantado a su tiempo. La comunidad científica tardó 35 años en comprender lo que había logrado enunciando las leyes básicas de la herencia.
Steno no se dedicó a disciplinas tan mediáticas, pero en solo diez años, sin apenas cometer un error, fundó la geología e hizo aportes muy notables en biomecánica y anatomía. Además, le podemos rezar, es un beato. Finalmente, Lazzaro Spallanzani no solo hizo aportes en el campo de la respiración y la digestión, descubrió nada menos que la inseminación artificial, lo que entronca con las leyes de Mendel. Este último científico es especialmente interesante por el excelente método experimental que tenía y que transmitía a sus alumnos, para los que era como un oráculo y con los que se escribía por carta hasta muchos años después de dejar sus clases”.
La historia de la ciencia está desde hace siglos repleta de aportaciones realizadas por católicos muy devotos, muchos de ellos sacerdotes, lo que mostraría una vez más que la Iglesia lejos de ser un estorbo para los avances científicos ha sido una parte activa y fundamental en ellos.



