¡A vosotros, jóvenes! Esta libro de Edualdo Forment, gran conocedor de la obra de san Agustín y santo Tomás, recoge los consejos que san Agustín da a los jóvenes y santo Tomás a un estudiante.
Las orientaciones de estos grandes doctores de la Iglesia emergen de la luz de la fe y de la razón natural. Son consejos breves y prácticos muy necesarios para la formación intelectual y moral de los jóvenes que van acompañados de un comentario del autor a los mismos.
San Agustín fue un incansable buscador de la verdad. El capítulo donde se “enseñan a los jóvenes los preceptos de la vida y el orden en la erudición” está escrito en el año 386 justo después de su conversión. La sabiduría que nos entrega en estos consejos tiene gran importancia no sólo en el orden intelectual sino existencial. Aunque sus orientaciones estén dedicadas a la juventud del siglo IV, son completamente actuales pues como decía Benedicto XVI; “Cuando leo a san Agustín no tengo la impresión de que se trate de un hombre que murió hace más o menos mil seiscientos años, sino que lo siento como un hombre de hoy: un amigo, un contemporáneo que me habla, que nos habla, con su fe lozana y actual”.
De los veintitrés consejos que da san Agustín a los jóvenes el primero dice así; “Si te dedicas al estudio, debes mantenerte limpio de cuerpo y espíritu, alimentarte de comida sana, vestirte con sencillez y no consumir superfluamente.” Los siguientes tratan sobre la limpieza de corazón, la castidad, la hipocresía, la sobriedad, las tentaciones, el servicio a los demás, la verdadera amistad, el conocimiento propio, la oración… Al leerlo el joven descubre al maestro que guía y muestra la verdad y le conduce al hombre a dejar lo que le encadena para poder acoger la gracia de Dios que es la conversión, en la que sin duda es Dios quien toma la iniciativa, y el hombre debe acogerla y vivirla conforme a este acogimiento.
De santo Tomás de Aquino –el fraile dominico del siglo XIII, catedrático universitario–se ha dicho que es “el más santo de los santos y el más sabio de los sabios”. Su sabiduría filosófica y teológica, procedía de su constante y perserverante hábito de estudio. Pero sabemos también que santo Tomás antes de estudiar o de enseñar lo estudiado en los escritos o en la cátedra, recurría siempre a la oración. La oración que santo Tomás compuso antes del estudio y que siempre rezaba antes de dictar, escribir o predicar es un tesoro para que todo estudiante tenga en su mesa y la rece al comienzo del estudio diario.
En una carta dirigida a un discípulo suyo, santo Tomás da dieciséis reglas prácticas para estudiar con aprovechamiento. Su experiencia de dedicación al estudio cuando escribe la carta es de más de veinte años como profesor universitario. Entre sus sabios consejos entresacamos “no busques lo que te sobrepasa, entra en el océano por los pequeños arroyos, no de una vez, porque conviene ir de lo más fácil a lo más difícil, u otro que dice “no dejes dudas sin resolver”…
Los consejos de santo Tomás para el estudio no se limitan, a proporcionar una metodología formal o una mera técnica, sino que, por estar referidos al hombre en su integridad, remueven dificultades de orden ético y antropológico; “No te preocupes en averiguar lo que otros hacen”, “huye de correr de un lado para otro”, “No ceses en la oración”…
Orientaciones sin duda que también ayudan a los educadores y los padres para animar a los jóvenes a ordenar su vida para poder conocer la verdad que es Dios, Sumo bien y bienaveturanza para todo hombre.


