Descubre en las páginas de “Una familia de bandidos en 1793” el conmovedor testimonio de María de Sainte-Hèrmine, única superviviente de una familia de vandeanos que luchó para defender su fe y su libertad.
Escribe Carlos Esteban en el prólogo a esta edición del libro:
“Es la de la Vandea una tumba sin marcas, una historia proscrita despachada en los manuales como una simple revuelta de bandidos. Por eso el irónico “bandidos” del título de este libro, cuando poca gente puede haber más alejada de la imagen que uno se hace de un bandido que los Serant y su heroico entorno; por eso el recuerdo, desleído por los años, quedó en historias como la que aquí se narra, tragedias de familias que fueron transmitidas en la discreción de los hogares de padres a hijos, en los márgenes del Gran Relato.
Eso es “Una familia de bandidos”: los recuerdos de una abuela que cuenta a sus nietos su propia historia, única superviviente de una familia de vandeanos, los Serant. Es la historia, en primera persona, de una vida concreta, pero precisamente por eso expone con mayor eficacia y viveza lo que fue una era, una mentalidad y una forma de entender el mundo que ha sido y aún hoy es sistemáticamente difamada y caricaturizada, una existencia animada, bendecida y presidida por la fe.
La narración tiene, en un sentido, dos autores: Jean Charruau, el jesuita que recibió el manuscrito de manos del nieto de quien lo cuenta, y la verdadera autora, María de Sainte-Hèrmine, quien explica al principio el objetivo que se ha marcado para escribirla: dar a sus descendientes a conocer mejor la historia de su familia, “los beneficios de que Dios la ha colmado, beneficios amargos, sin duda, pero preciosos a la vez”.
En una trepidante historia de heroísmo, sacrificio y de fe, María de Sainte-Hèrmine verá sucederse los golpes del destino y la convulsión de la única vida que había conocido. Pero en vano se tratará de leer amargura o resentimiento en sus palabras. Porque María, como millones de sus contemporáneos y de las generaciones que la precedieron, sabe, con conocimiento hecho carne y sangre, que no hemos venido para quedarnos aquí, que somos Homines viatores, que estamos de paso. Y que si es cierto, como dijo Tolkien, que para un católico la historia es una sucesión de derrotas, también lo es que Cristo es el Señor de la Historia, y Él ya ha vencido al mundo”.



