Douglas Groothuis, del Christian Research Institute.
Edward Feser es un prolífico filósofo, defensor de la teología natural y del derecho natural, y profesor de Filosofía en el Pasadena City College. Ha defendido los argumentos en favor de la existencia de Dios en su obra Cinco pruebas de la existencia de Dios. En Que todos sean uno en Cristo: Una crítica católica del racismo y de la Teoría Crítica de la Raza, analiza el racismo y la Teoría Crítica de la Raza (TCR) según la tradición moral católica. Feser muestra que la TCR, una ideología racial neomarxista, comete numerosas falacias lógicas, no está en consonancia con los mejores trabajos de las ciencias sociales sobre la raza y es profundamente antibíblica.
Sentar las bases. Los tres primeros capítulos del libro Feser abordan las enseñanzas de la Iglesia contra el racismo (capítulo uno), las opiniones de los papas de la escolástica tardía y de la modernidad temprana contra la esclavitud (capítulo dos) y los derechos y deberes de las naciones y los inmigrantes (capítulo tres). Este prólogo histórico-teológico es significativo, ya que muchos críticos del cristianismo afirman que la Biblia y/o la enseñanza cristiana no han afirmado el valor de todas las personas hechas a imagen de Dios o han apoyado la esclavitud. Feser demuestra que esa visión es errónea.
Teoría Crítica de la Raza. Una vez sentadas estas bases sobre la naturaleza humana, la igualdad humana y el papel de las naciones a la luz de la diversidad étnica, Feser se dispone a explicar la TCR en el capítulo cuarto. Escribe: “Como la TCR se promueve en nombre del ‘antirracismo’, muchos suponen que debe ser algo bueno. Esto es tan ingenuo como pensar que el marxismo debe ser bueno dado que se presenta como aliado de la clase obrera. De hecho, el marxismo sólo ha producido una opresión aún peor que la que pretende erradicar”. Y continúa mostrando que “la TCR en realidad promueve una forma novedosa e insidiosa de racismo. Al igual que el marxismo, la TCR es una grave perversión de la buena causa que dice representar, y es totalmente incompatible con la doctrina social católica”.
Pero, ¿qué enseña la TCR? La TCR enseña que el racismo impregna todos los aspectos de la sociedad. Como afirma el gurú de la TCR Robin DiAngelo, “Ningún aspecto de la sociedad está al margen de… las fuerzas del racismo” El racismo, para la TCR, no es el odio manifiesto de los blancos hacia los negros, sino que se encuentra principalmente en un sistema que lo discrimina a los no blancos. De ahí la idea de “racismo sistémico”. O la supuesta “supremacía blanca”, por la que todos los blancos se benefician de un “privilegio blanco” inmerecido.
Todas las diferencias entre blancos y no blancos se atribuyen al racismo. La respuesta, para Ibram X. Kendi, es la discriminación correctiva: “El único remedio a la discriminación racista es la discriminación antirracista. El único remedio para la discriminación pasada es la discriminación presente. El único remedio para la discriminación presente es la discriminación futura”.
La falta de lógica de la TCR. Feser se abstiene de hacer críticas sustanciales a la TCR hasta el capítulo cinco, “Problemas filosóficos de la Teoría Crítica de la Raza”. Empieza señalando que “la TCR es esencialmente una reformulación de algunos de los temas principales del marxismo y el posmodernismo en términos raciales”. En lugar de centrar el análisis en las relaciones económicas de clase en las que los trabajadores son explotados por los propietarios, como hace el marxismo, la TCR toma a la gente de color como los oprimidos por la gente blanca. Mientras que el posmodernismo considera que todas las afirmaciones de verdad son culturalmente relativas y se basan en intereses de poder, la TCR culpa a la “supremacía blanca”.
Al igual que el marxismo y el posmodernismo, la TCR es una postura filosófica, aunque (erróneamente) reclame que se apoya en las ciencias sociales. Feser señala que “una de las cosas más sorprendentes de la obra de los escritores de la TCR es la calidad extremadamente pobre de su argumentación y análisis”. Por ejemplo, DiAngelo dice que si uno atribuye las desigualdades raciales a cualquier cosa que no sea el racismo, eso demuestra que el que hace la afirmación es racista. Así comete la falacia circunstancial ad hominem, “que consiste en rechazar una afirmación o un argumento simplemente por un supuesto interés personal de la persona que lo defiende”.
Feser muestra en el capítulo seis, “Objeciones de las ciencias sociales a la Teoría Crítica de la Raza”, que cuando los autores de la TCR se molestan en consultar a las ciencias sociales para sus conclusiones, fracasan estrepitosamente. Basándose en el trabajo del economista e historiador Thomas Sowell y otros, Feser argumenta que las disparidades raciales están causadas por muchos factores distintos del racismo, como los valores personales y la estabilidad de la familia tradicional. Son observaciones de sentido común; pero la TCR va contra la lógica, el sentido común y la ciencia social.
Feser concluye este breve pero agudo e importante libro con el capítulo “El catolicismo frente a la Teoría Crítica de la Raza”. Puesto que la Iglesia Católica ya ha rechazado el marxismo, rechaza la TCR por razones similares. La humanidad no debe dividirse en grupos opuestos, ni económicos ni raciales. La respuesta a la injusticia no es más injusticia a través de falsas y dañinas cosmovisiones, sino una aplicación de la enseñanza bíblica sobre la unidad de la humanidad y la objetividad de la verdad y la justicia. Dados los convincentes argumentos del profesor Feser, el lector debería concluir que todos los cristianos deberían rechazar la TCR y encontrar un camino mejor.






