Hoy la Iglesia está de fiesta y tiene motivos, ¡unos cuántos! Hoy es san José, esposo de la Santísima Virgen. ¿Quién como él? Modelo de padre y esposo, patrón de la Iglesia universal, custodio de la Sagrada Familia, patrón de los trabajadores, de infinidad de comunidades religiosas, de la buena muerte y de todos los seminarios.
Dios le encomendó a San José la inmensa responsabilidad y privilegio de ser el esposo casto de la Santísima Virgen, padre putativo del Hijo de Dios, custodio de la Sagrada Familia. Él tendría que enseñar a Jesús a trabajar, a querer a su madre, a ganarse el pan con el sudor de la frente, enseñó al Hijo de Dios su plena humanidad. Por esta razón, es el santo que vivió plenamente el amor de Jesús y de la Virgen.
En la relación esponsal de San José y la Virgen María tenemos un ejemplo para todo matrimonio. San José y María Santísima, sin embargo, permanecieron vírgenes por razón de su privilegiada misión en relación a Jesús. San José es modelo de la virginidad del corazón, de la santa obediencia y la fe en la voluntad de Dios.
En Occidente, las referencias a San José aparecen en el s. IX en los martirologios locales y en 1129 se construye en Bolonia la primera iglesia dedicada al santo. Algunos santos del s. XII comenzaron a popularizar la devoción a San José, entre ellos destacan San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, Santa Gertrudis, Santa Brígida de Suecia, san Benito, etc. Durante el pontificado de Sixto IV San José se introdujo en el calendario romano el 19 de marzo. Desde entonces su devoción y popularidad ha ido en aumento hasta ser patrono universal de la Iglesia (1870).
Santa Teresa de Jesús fue una gran devota del santo y lo consagró como patrón del Carmelo y decía de él: “Tomé por abogado y señor al glorioso San José y nunca me ha fallado”. Y San Alfonso María Ligorio decía: “¿Cuánto no es también de creer que aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos? José durante esos treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de vida eterna de Jesús, observaba su ejemplo de perfecta humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda servicial de Jesús en los quehaceres y responsabilidades diarios. Por todo esto, no podemos dudar que mientras José vivió en la compañía de Jesús, creció tanto en méritos y santificación que aventajó a todos los santos”.










